Deprisa, deprisa, deprisa …


Ilustración de John Tenniel de Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carroll.

Os voy a confesar que estas últimas semanas andamos en la escuela a medio gas, pasado el festejo carnavalero todo sea relantizado, niños y mayores parece que necesitamos tomarnos un respiro y volver a una rutina que disfraces y comparsas nos habían alterado, y es que vivimos un tiempo de continua prisa, da lo mismo en el ámbito que miremos que todo parece acelerado.

Haced el esfuerzo durante un segundo de pensar en el modo que gestionais vuestro tiempo vital, bien es cierto que muchas veces nos vemos obligados hacer muchas cosas que no nos apetecen, pero ¿cuánto tiempo os dedicáis a cuidaros, a quereros y querer a los demás?

Realizado este pequeño escrutínio personal, mirad a vuestro alrededor, a las personas de menos de metro y medio que tengáis cerca, en casa o vuestro aula y preguntaros si ellos tienen la oportunidad de vivir según su propio ritmo o siguen el vuestro.

¿Tenemos tiempo en la escuela y en la familia para hablar, para mirar hacia atrás o nos dejamos llevar por el calendario sin más?

¿Cuál es el sentido de la vida? ¿En que modo educamos a nuestros niños y niñas para vivir satisfactoriamente? ¿Es compatible una vida plena sin  tiempo para parar y paladear las muchas experiencias que les ponemos frente a los ojos?

No sé si habéis visto la película de dibujos animados de Pixar titulada UP, merece la pena verla completa, pero sobre todo sus diez primeros minutos, es un magnifico ejercicio de reflexión sobre el paso del tiempo y el transcurso de la vida, otro día hablaremos más de ella.

Parece que olivdamos, los mayores, que cada uno de nosotros tenemos un tiempo finito, y que lo vivimos con un ritmo vital diferente; unos somos más activos, otros somos más reposados, pero ni los unos son hiperactivos, ni los otros son unos vagos, el respeto al ritmo de cada uno debería ser un principio que guiará nuestra acción educadora.

Volver al tiempo vital acompasado con la naturaleza sería un ideal, seguramente excesivamente utópico para los tiempos que corren, pero que nos ayudaría a vivir y sentir más y a la larga ser un poquito más felices con nosotros mismos.

¿Cómo podemos educar a los niños en la prisa, la extrema exigencia y luego esperar que sean tranquilos y equilibrados? ¿Qué consecuencias tendrá en su desarrollo una sobreestimulación?

Si cada día es una acumulación de estímulos interminable, si cada día está programado y diseñado para un fin, ¿dónde queda sitio para la imaginación y la creatividad? ¿Qué lugar y momento queda para el juego? ¿Cuándo nos equivocamos y dedicamos tiempo a la reflexión sobre los errores?

Una secuoya necesita cientos de años para convertirse en un imponente árbol de cientos de metros de altura ¿podemos darnos un poco de tiempo para que nuestros niños crezcan? Seguro que lograremos que aprendan más, y sobre todo, cuando se hagan MAYORES sean mucho más FELICES.

Termino con algunas reseñas para leer y reflexionar, ya sabéis con tranquilidad y calma, el cambio está en nosotros y nosotras, felices lecturas.

Bibliografía:

Bajo presión: rescatar a nuestros hijos de una parternidad frenética de Carl Honoré editado por RBA.

Una llamada de atención: carta a los mayores sobre los niños de hoy de Philipee Meirieueditado por Ariel.

Elogio de la educación lenta de Joan Domènech Francesch editado por Graò.

 

Educación lenta. Núm. 193 – Julio/Agosto 2010. Revista Aula de innovación educativa

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