ESCUELAS INNOVADORAS Y FAMILIAS CREATIVAS


La palabra CREATIVIDAD es una de esas palabras que están sonando con fuerza en este confuso Siglo XXI. Todo el mundo habla de la creatividad como una competencia necesaria para el éxito pero resulta ser una de esas palabras tan amplia, tan ancha, tan profunda y tan poderosa que a veces resulta confusa, difícil de aprehender y corre el riesgo de que se quede vacía, parcializada, hueca o difusa y que se nos escurra de entre la manos dejándola marginada en el rincón de las grandes palabras olvidadas.

Este es el nuevo reto de Acción Magistral y Afredo Hernando materializado en el libro Escuelas Innovadora y familias creativas. Una vez más, Alfredo nos abre los ojos y recoge en una guía magnífica las mejores prácticas del mundo para transformar juntos la educación desde el foco de la creatividad. Acción Magistral, fad y BBV apoyan y confían en este proyecto como motor del cambio en la escuela y en el mundo. Sin lugar a dudas, es una acertada intuición.

Y manos a la obra, durante la mañana del sábado un grupo de profesores, guiados por Alfredo Hernando, hemos comenzado esta formación que supone la primera de tres sábados en los que aprenderemos a innovar desde la creatividad.

Atrás queda ya la malentendida idea de la creatividad como un rasgo o como una cualidad que algunos tienen y otros no. Resulta ya evidente que la creatividad es una competencia de competencias que todos poseemos y que consiste en el uso consciente de estrategias que configuran hábitos creativos.

La escuela debe ser un lugar donde los alumnos puedan desarrollar su creatividad y no el espacio que “mata la creatividad”.  Es interesante ver cómo las competencias que marca la ley y el currículo están orientadas precisamente al desarrollo de la creatividad. A lo mejor un error que hemos cometido ha sido atender a las competencias solo como estrellas y nos ha faltado trazar esta constelación que apunta a la creatividad. Me queda claro que una escuela que mata la creatividad no está atendiendo a las competencias.

Destaco tres grandes líneas que hacen posible la creatividad: El foco, el motor vital; la competencia de contenido y las estrategias creativas. Estos focos los analizamos y evidenciamos con historias y referentes que nos dan luz en esta tarea de la creatividad. La asombrosa historia de los caramelos que adivinan notas de Walter Mischel, la increíble historia del árbol genealógico de la cítara a la Tablet o la exitosa historia del tren más rápido del mundo de Eiji Nakatsu. No resultaron ser historias anecdóticas, sino que se convirtieron en historias inspiradoras para todos los que allí estábamos que nos llenaron de optimismo y fuente de aprendizaje en esta primera sesión de formación.

Me resultó especialmente inspiradora y motivadora la historia de Marie Wilcox, la última hablante nativa de Wukchumni, una lengua que echó raíces hace tres mil años a la orilla del río Kaweah, en California. Esta lengua despareció con el tiempo y Marie con ochenta y un años elabora durante siete años el diccionario de esta lengua desaparecida. La anciana Marie no solo ha mantenida viva una lengua, sino que nos ha enseñado con su proyecto la importancia del lenguaje para el ser humano, la importancia de la palabra para entender y dar sentido a nuestra propia historia. Marie me recordó la mañana del sábado una lección que no se nos puedo olvidar, fue capaz de emprender y culminar este proyecto “porque amaba hacerlo”.

Terminamos la jornada reflexionando sobre la importancia de una mentalidad de crecimiento frente a una mentalidad fija. Los educadores tenemos que ser sabios en esto, tenemos que tomar consciencia de que nuestras palabras marcan la vida de nuestros alumnos porque somos los que nos han dicho, somos lo que nos decimos. En la relación con nuestros alumnos es clave poner el foco en el desarrollo y no en el producto final, solo así conseguiremos que crezcan. Parece que es inherente al rol del profesor castigar el error en lugar de encontrar en él una fuente de crecimiento para el alumno. Es una tarea complicada, pero creo que justamente aquí radica la verdadera innovación.

El último regalo del día fue ser conscientes de nuestros propios errores. Los pintamos, los decoramos, los quisimos y ¡hasta los enmarcamos! Porque son estos errores los que me han enseñado, gracias a ellos he seguido creciendo y son estos errores los que me han permitido alcanzar las metas que voy soñando. Ahora falta enseñar a nuestros alumnos esta gran lección mientras les educamos en el poder del todavía.

Un curso ha merecido la pena cuando aprendes, compartes, te inspira, te motiva para seguir entrando ilusionado en el aula y te fortalece en la idea de que tenemos la profesión más bonita del mundo. Y mucho de todo esto hubo en la primera sesión de formación. Gracias. Zigzag: khacahan. Punto final. (Última palabra del diccionario de Marie Wilcox).

 

Sergio Calleja Muñoz

Colegio Marista Nuestra Señora de la Fuencisla (Segovia)