¿Los docentes, debemos ser neuroeducadores?

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Precisamente ayer, después de la sesión de Filosofía para Niños ofrecida por la Dra. María José Codina Felip sobre “Neuroeducación en virtudes cordiales”, me surgió la inquietud que da lugar a este nuevo post. Así como el tema de las Inteligencias Múltiples ha irrumpido en el mundo de la educación, como alternativa metodológica, también han surgido nuevos términos: neuroeducación, neurociencia, y otros más complejos como neurogénesis, circuito neural, comunicación neuronal, etc. Toda esta terminología puede provocarnos cierto desconcierto, ya que se asemeja más a estudios relacionados a Medicina, y que, incluso, pueden asustarnos. Pero ya sabéis que en educación no podemos estar ajenos a los nuevos avances, descubrimientos que se traducen en mejoras para nuestro alumnado. Los aspectos concernientes a la Neuroeducación son ejemplo de ello.

Haciendo uso del libro de Francisco Mora, Neuroeducación (Alianza Editorial, 2013), transcribo la definición de Neuroeducación (pág.202):

«[…] refiere a la aplicación de los conocimientos sobre cómo funciona el cerebro integrados con la psicología, la sociología y la medicina en un intento de mejorar y potenciar tanto los procesos de aprendizaje y memoriade los estudiantes como enseñar mejor en los profesores. Neuroeducación incluye ayudar a detectar procesos psicológicos o cerebrales que puedan interferir con el aprendizaje y la memoria y con la educación.»

Entonces, si nos atenemos a este concepto, está claro que debemos aprender y convertirnos en neuroeducadores. La razón es simple y de gran envergadura: detectar aquellos posibles trastornos, dificultades que entorpecen el aprendizaje y, sobre todo, porque son investigaciones que nos ayudarán a mejorar nuestra “ansiada calidad educativa”. Los que estamos, diariamente, a pie de aula, sabemos que aprender implica muchos aspectos, pero nunca antes nos habíamos planteado en profundidad que “aprender algo nuevo significa, en términos neurobiológicos, cambiar el cerebro” (Francisco Mora, Neuroeducación). Habíamos estudiado que existen diferentes modelos de enseñanza-aprendizaje (conductista, constructivista, cognoscitivista) diversos tipos de aprendizaje (repetitivo, colaborativo, visual, auditivo, por descubrimiento, etc), e incluso se hacía ab-“uso” del aprendizaje memorístico como la ruta más certera y eficaz para que nuestro alumnado alcanzara los objetivos que proponíamos. Pero aún la neurociencia no hacía incursión en educación, como en la actualidad. Y, en todo este meollo, los docentes somos una pieza clave para poder armar correctamente el puzle educativo.

Ya lo expresa el informe Teachers and Educational Quality: Monitoring Global Needs for 2015 , que manifiesta que tanto la formación inicial del profesorado como la capacitación continúa son fundamentales para afrontar los nuevos desafíos de la educación. La UNESCO apuesta por educadores de calidad, mejoras en las propuestas curriculares, en nuestra prácticas pedagógicas, y cómo no, propiciar un ambiente donde prevalezca la educación emocional. Precisamente, la Neuroeducación también prioriza educar las emociones, ya que el binomio emoción-cognición (proceso mental) es indisoluble. Pero no solo debe aprender el niño a conocer sus emociones, gestionarlas, desarrollar habilidades sociales, sino que es el propio docente el que debe también trabajar con sus propios aspectos emocionales. En un aula donde docente-alumno, docente-grupo hay conexión emocional, seguramente también habrá grandes conexiones sinápticas. Desde hace un tiempo se sabe que las conexiones sinápticas entre neuronas no son estáticas sino que sufren cambios como consecuencia de la actividad celular. Este proceso de plasticidad sináptica resulta esencial para el aprendizaje y la memoria.

Otro de los aspectos que hace referencia la Neuroeducación, son los llamados “neuromitos” que surgen debido a un desconocimiento real de los datos de cómo funciona el cerebro ,algunos son los siguientes:

  1. Sólo usamos el 10% de nuestro cerebro
  2. “Cerebro izquierdo” versus “cerebro derecho”
  3. Existen talentes diferentes en los llamados “niños visuales” “niños auditivos” o “niños cinestésicos”.
  4. Existen diferencias cerebrales según la raza.
  5. Las partes del cerebro trabajan de forma aislada

Y así, una lista de mitos que se han hecho populares y que a nivel educativo debemos conocer y trabajar para desterrarlos. Pero para ello debemos comenzar con nuestra búsqueda de bibliografía, enlaces web y aportes que podemos encontrar en la red. Mis años de experiencia me indican que toda buena práctica tiene un buen fundamento bibliográfico y que, también, los docentes somos los que construimos nuestra propia teoría educativa. Con aciertos pero también con errores, debemos ser conscientes de ello para ajustar y reconstruir nuestras prácticas.

Otro aspecto a destacar es el aporte que hace la Neuroeducación al tratamiento de los llamados problemas de aprendizaje, que actualmente no hay consenso en su clasificación. Suelen mezclarse problemas de índole cognitivo con los conductuales y los afectivos. Quizá desde la Neuroeducación podamos tener mayor claridad a la hora de recibir esos diagnósticos cerrados que etiquetan a los niños y pueden, incluso, apartarlos de seguir las clases con el resto de sus compañeros y compañeras.

Ya podemos empezar con nuestras lecturas y, por ello, a continuación comparto algunos enlaces web y bibliografía en español para aquellos interesados en comenzar con el acercamiento a la Neuroeducación. Todos los implicados en educación, y me refiero a educadores, familias y sociedad en general, hablamos de que es necesario y urge un cambio educativo. Estoy segura de que este cambio debemos impulsarlo entre todos, día a día, en nuestras aulas. Podemos pensar que las propuestas curriculares de los centros educativos pueden anclarse con las investigaciones realizadas en el campo neurocientífico, que vinculan el aprendizaje, la memoria, las emociones, el funcionamiento del cerebro, etc. Con propuestas innovadoras estamos apostando a ese cambio educativo, a esa mejora en la calidad educativa, y a conseguir que emoción y cognición no estén reñidas. Quizás entonces, dentro de diez o veinte años, sea habitual en las clases hablar sobre nuestro cerebro, cómo funciona y cómo aprendemos. Y si me refiero a un período de tiempo tan lejano, es porque me encantó el símil que hizo ayer mi compañero Chema Sánchez Alcón: “la educación es como un elefante que persigue a la liebre que es la sociedad”.

Neuroeducación, Francisco Mora. Alianza Editorial, 2013

El cerebro sintiente, Francisco Mora, Ariel ,2000

Neuroeducación y educación, Tomás Ortiz, Alianza Editorial, 2009

Enlaces webs:

Escuelas con cerebro https://escuelaconcerebro.wordpress.com

Neurociencia y educación http://www.actualidadenpsicologia.com/neurociencia-educacion-neuromitos-docentes/

Neurociencia y educación, José Antonio Marina http://www.joseantoniomarina.net/articulo/neurociencia-y-educacion/

Asociación Educar. Ciencias y neurociencias aplicadas al Desarrollo humano http://asociacioneducar.com/