6 agosto, 2013

A través de este blog, he buscado compartir con todos vosotros, reflexiones, experiencias, investigaciones, propuestas de trabajo, y aspectos relacionados principalmente con la convivencia, buscando siempre el objetivo de  ayudar a mejorar la calidad de la educación y de ofrecer  respuestas a las necesidades actuales que nos plantea la sociedad del momento.

Todos los que hemos participado en esta experiencia promovida desde Acción Magistral somos conscientes de la importancia de emponderar el papel  que en el momento actual precisan los maestros y las escuelas. Como si de una receta de cocina se tratase, si tuviéramos que preparar una receta para “cocinar una escuela ideal”, ¿cuáles serían los ingredientes que ésta debiera contener? En este blog me gustaría trasladar los que para mí serían los componentes que permiten  a las instituciones educativas convertirse  en un lugar donde  a los niños y futuros ciudadanos del mundo se les ofrezca la  formación integral que precisan para alcanzar las inteligencias personales (emocionales, comunicativas, autónomas, éticas y  creativas)  que demanda la sociedad actual; a los maestros y educadores, crear climas facilitadores para el aprendizaje y construir conductas adaptadas a las necesidades reales que se  plantean y a  las familias,  convertirse en agentes del proceso de aprendizaje y cambio de sus hijos y de participación/ implicación en la dinámica de los centros educativos.

Analicemos pues esos “ingredientes” que debieran contener los  tres pilares básicos de una escuela: maestros, alumnos y familias.

MAESTROS:

Empatía: Hace  posible la comprensión de los estados emocionales de otras personas. Numerosas investigaciones  con neuroimagen han demostrado la existencia de sistemas de neuronas que se activan, tanto cuando se ejecuta una acción, como cuando se observa como la ejecuta otra persona. La comprensión del significado de las acciones ajenas sería la función principal de las neuronas espejo (Rizzolatti y Sinigaglia, 2006). Algunos autores (Aguado, 2005) señalan que las neuronas espejo hacen posible la empatía. Cuando vemos a alguien que expresa miedo, ira, tristeza, etc., comprendemos su estado emocional porque se activan esas neuronas. Esto nos conduce a ponernos en su lugar y experimentar nosotros mismos un estado emocional similar.

Activemos nuestras neuronas espejo y pongámonos esas “gafas de la empatía” que nos van a permitir estar dispuestos a ponernos en el lugar de cada uno de los niños, a, vincularnos afectivamente con ellos y a acompañarles en sus buenos y malos momentos.

Entusiasmo: Es esa atención y esfuerzo que los educadores debemos dedicar con empeño e interés  al desarrollo de nuestro trabajo. Sólo si somos capaces de transmitirlo, nuestros chicos y chicas podrán contagiarse y motivarse para aprender.

Compromiso: La educación implica siempre una dimensión ética ya que se trata de un espacio de acciones e interacciones, cuya identidad intencional es enseñar. Este  compromiso ético implica poner el trabajo educativo, tanto al formarnos  como docentes como al poner en práctica la docencia, bajo estrictos principios de justicia, libertad e igualdad.

Liderazgo como una de las  competencias docentes que debiere ostentar el máximo nivel. La capacidad de liderazgo sobre los demás, sobre nuestros alumnos, sobre nuestros compañeros profesores, incluso sobre nuestra familia, amigos y sociedad que nos rodea, es el resultado de un liderazgo personal y social. Me gustaría reseñar la definición que plantea Pareja del término  como “la función de dinamización de un grupo o de una organización para generar su propio crecimiento en función de una misión o proyecto compartido” (Pareja, 2005).

Creatividad/Innovación: creatividad docente vista como un aspecto a desarrollar  en función del contexto social, de la gestión de centro, de la motivación docente, del trabajo colaborativo, entre otros. La creatividad está contemplada específicamente como un fin de la educación, , valiéndose el docente para ello, de las más variadas metodologías de trabajo. Las habilidades directamente vinculadas al pensamiento creativo serían: Fluidez: ( facilidad para generar un gran número de ideas de calidad, de manera permanente y espontánea) ; Sensibilidad (para descubrir diferencias o imperfecciones, dándose cuenta de lo que debe hacerse);  Originalidad (aptitud para aportar respuestas ingeniosas y  novedosas  a la comunidad) ; Flexibilidad (capacidad de transformación, de cambio, de replanteamiento de una situación dada);  Elaboración (aptitud del sujeto para desarrollar, ampliar o embellecer las ideas) e Iniciativa (capacidad humana para idear y emprender nuevas actividades, para dirigir acciones; es la disposición personal para protagonizar, promover y desarrollar ideas).

Habilidades comunicativas: Debemos eliminar de las aulas ese lenguaje, que de forma consciente o inconsciente, crea culpa, vergüenza, crítica y exigencias  contribuyendo  a la violencia en las relaciones humanas,  y sustituirlo por un lenguaje comunicativo de sentimientos y necesidades donde expresar y escuchar se conviertan en un binomio de relevancia cualitativa. Sólo de esta forma construiremos una base emocional compartida que permite establecer relaciones más satisfactorias.

Formación: para garantizar una formación inicial adecuada se hace necesario que las personas que desean acceder a la función docente reciban una formación pedagógica y didáctica amplia y de calidad, fuertemente contextualizada y ligada a la realidad educativa actual y a los problemas prácticos de la profesión docente. Yo reclamaría la necesidad de formar  también en valores y competencias personales. En esta línea, destacaría la experiencia de la Universidad de Cantabria donde existe una asignatura (semestral y troncal) denominada  “Habilidades , Valores y Competencias Transversales” que incluye dos subprogramas: uno para la formación en valores y derechos y otro para el desarrollo de habilidades de comunicación  e información y competencias personales. Una investigación cuasi-experimental llevada a cabo por esta Universidad ha mostrado resultados positivos significativos en relación a autoestima, empatía y afecto además de confianza para hablar en público en aquellos alumnos que habían cursado esta asignatura, con respecto a alumnos de otras universidades donde no se impartía formación en esta línea.

ALUMNOS:

Como educadores debemos ser conscientes de que  independientemente de la diversidad de nuestro alumnado por su origen de nacimiento, condición social, etc. , siempre hay unas claves que deben guiar nuestra intervención educativa:

Participación: como contenido de aprendizaje, la participación  debe ser un aprendizaje práctico, abordado por medio de actividades en las que los alumnos desarrollen su identidad personal y sentimientos de pertenencia a la colectividad, autoestima, autonomía y responsabilidad.

Inteligencia emocional: cuando logramos que cada niño se sienta seguro de sí mismo, regule sus emociones e impulsos perturbadores, desarrolle empatía y colaboración, estamos facilitando el aprendizaje a la par que contribuimos a mejorar  su salud mental y la calidad de sus relaciones sociales.

Felicidad: tan importante o más como el aprendizaje, es enseñar a nuestros alumnos a ser felices. Debemos trabajar la atención plena como un estilo de vida que les va a  permitir disfrutar de cada momento presente. Es nuestra responsabilidad ofrecer un tipo de escuela que permita a cada alumno, conocer y sacar a la luz lo mejor de sí mismo  promoviendo  sus fortalezas personales para a partir de ellas proteger y compensar los puntos débiles de su personalidad. Debemos acompañar a nuestros alumnos en el camino creando bienestar a cada paso, cada día y en cada acto.

Sueños: nuestro poder como educadores para determinar su futuro personal y profesional es grande. Debemos permitir  soñar y es más, debemos enseñarles a soñar. Cuando son pequeños, serán sueños más inocentes en base a sus héroes, estereotipos  y valores que son importantes para ellos. Pero a medida que van creciendo, la cordura y el sentido común invadirán esos sueños. Y ello posiblemente les permitirá alcanzar en la edad adulta metas que les harán crecer como personas y como profesionales.

Responsabilidad individual/ colectiva: cada alumno debe convertirse en el protagonista de su propio proceso de aprendizaje adquiriendo una responsabilidad individual hacia el mismo. Pero también debemos lograr su compromiso con la  escuela como institución, haciéndole sentirse parte importante de la misma,  como único camino para despertar la responsabilidad colectiva.

Todos estos ingredientes nos permitirán, independientemente de nuestro punto de partida,  educar a nuestros alumnos como ciudadanos del s. XXI, activos, seguros, confiados, reflexivos, pensantes y responsables.

 FAMlLIAS

Hay investigaciones que demuestran que los alumnos rinden más cuando padres y profesores comprenden sus expectativas mutuas y se mantienen en contacto para hablar sobre hábitos de aprendizaje, actitudes hacia el aprendizaje, interacciones sociales y progreso académico de los niños. Por ello, la coordinación escuela-familia es fundamental.

Pero también la institución educativa debe ir más allá. Debemos lograr que este tercer pilar de la comunidad educativa participe en la  vida del centro desde la base de una buena comunicación  (información continua entre padres y escuela), el voluntariado (ayuda en la escuela),  la  toma de decisiones (participación en las estructuras de toma de decisiones del centro) y la colaboración con el entorno comunitario (representar a la escuela en actividades de colaboración con otras organizaciones).

Sólo con la mezcla de todos y cada uno de estos ingredientes  junto a  la acción compartida, coherente y planificada  de  profesores, alumnos y familias podremos lograr una “escuela ideal”.

Muchas gracias a todos los que habéis compartido la lectura de estos blogs y ¡Felices Vacaciones!