PERSONALIDAD “RESISTENTE”


Sobreponerse a las situaciones difíciles y a los episodios que nos dejan dolor emocional es una capacidad primordial para no perder el equilibrio personal, y por eso quien sabe hacer frente a los contratiempos pequeños o grandes que nos va deparando la vida tiene en su mano la garantía de que va a poder resistir los obstáculos y tolerar la presión, sin sufrir un menoscabo significativo en su estado de ánimo. Curiosamente algunas personas parece que nacen con la capacidad natural de resistencia y lo hacen, por así decirlo, de modo “natural”. Por ejemplo, ahí están los casos de los niños supervivientes de los campos de concentración, los niños de los orfelinatos rumanos y los niños de la calle bolivianos estudiados por el etólogo Boris Cyrulnik. Todos ellos son una prueba de hasta qué punto algunas personas parece como si hubieran desarrollado en esas situaciones tan adversas de sus vidas unos recursos latentes e insospechados que les permitieron encajar unas pruebas durísimas.  

No cabe duda de que éste es un aspecto fundamental de la prevención. Es imprescindible que nuestros alumnos cuenten para su desarrollo personal con este factor de protección tan potente. Se trata nada más y nada menos de que sepan hacer las cosas bien a pesar de las frustraciones y fracasos, de que cuando algún acontecimiento especialmente aciago les haga sufrir no tiren la toalla porque se sientan perdidos o desvalidos y de que sean capaces de salir de ellas fortalecidos, o incluso transformados, sin que se resienta su entusiasmo ni su esperanza de que sigue teniendo sentido seguir adelante.  

Los educadores tenemos la oportunidad de oro de enseñar a los niños y adolescentes que están a nuestro cargo a ser sólidos y resistentes, y para ello hay que tomar conciencia de que es preciso mantener de forma constante esta tarea en nuestro horizonte de objetivos educativos.

A nadie se le escapa que hoy en día más que nunca es primordial fortalecer a los menores interiormente para que puedan resistir las dificultades de un mundo cada vez más complejo y lleno de dificultades de todo tipo. ¿Y cómo se hace? Es un proceso, una suma de actuaciones permanentes que comienzan por informarlos acerca de los aspectos de la vida en general, sin edulcorar la realidad, mostrándoles las facetas amables y las menos risueñas cuando se aborde algún acontecimiento aciago. Hay que invitarles a que lo analicen y debemos completar las soluciones para superarlo que se les escapen y los enfoques que pueden serles más convenientes.  Al mismo tiempo debemos favorecer las vivencias de cada etapa de su crecimiento, para que se hagan más conscientes de ellas y no abusen de sus potencialidades ni apuren sus tiempos. Por último, necesitan que les inoculemos una actitud favorable a mostrarse activos y no pasivos a la hora de protegerse de lo que vean como adverso, para que miren de frente lo que es complicado y doloroso. El mensaje general de fondo es el de que si se ejercitan en su día a día en esos aspectos pueden aminorar y derrotar la percepción de vulnerabilidad, afianzando así su aplomo ante las dificultades.

Por otro lado estas orientaciones se complementan animando a los alumnos a que hagan ensayos emocionales adecuados alrededor de las situaciones menos duras de todo tipo que hayan experimentado y superado. Se trata de que valoren esas iniciales experiencias de éxito frente a lo adverso como experiencias de logro, para que vayan dando forman poco a poco a su corteza de resistencia. Este inicial blindaje emocional y cognitivo tienen que irlo generalizando a futuras y más que probables situaciones de dolor y adversidad, de manera que acepten paulatinamente que el sufrimiento, las decepciones, las contrariedades y las dificultades en general son circunstancias que les van a acompañar, en menor o mayor medida, a lo largo de toda su vida. De nada sirve ocultarles su existencia y por eso hay que ayudarles a que empiecen a considerarlas como algo natural que hay que afrontar de un modo también natural, y la manera de hacerlo no es otra que labrarse, comenzando con esas pistas, una personalidad resistente.

El adolescente necesita entender ya que construirse una personalidad así es un asunto trascendente para él, que no es una opción menor ni secundaria sino de primer orden. Para lograrlo tendrá que incorporar un gran sentido del compromiso con su ideal personal, es imprescindible que se implique en las cosas que le corresponde hacer tomándoselas en serio y sin abandonarlas a medio camino, poniendo todo el empeño de que sea capaz por su parte. No hay que olvidar que esa reciedumbre en los propósitos es una característica básica de la personalidad resistente, pero que no se suele dar en los adolescentes cuando ha habido demasiada condescendencia con él en la familia o en el centro escolar ante su dejadez y sus abandonos. Por el contrario, si pese a todo ha persistido habrá elaborado una fuerte sensación de control sobre los acontecimientos, y dicha percepción le habrá dado una mayor seguridad en sí mismo.   

A los adolescentes hay que invitarles a que estén abiertos a los cambios de la vida, para que la vean como una aventura o como un viaje en el que no siempre hay un hotel donde dormir ni una ducha de agua caliente esperándonos. Aunque las cosas no sean fáciles, ¿qué más da? Hacerse con una personalidad resistente es fundamentar la propia autoestima en los compromisos que se aceptan con ganas,  en las expectativas y retos que se acometen como un modo de avanzar y, cómo no, en la percepción de control que uno adquiere a medida que ha ido poniendo en funcionamiento sus capacidades.

Fortalecerse es un imperativo categórico de primer orden para todas las personas, y por eso contribuir a que nuestros alumnos lo consigan es también un reto de excelencia educativa. Si se hacen resistentes eso les ayudará a tomar mejor las decisiones, a encarar responsabilidades y a implicarse con más ganas en todo lo que signifique satisfacer sus necesidades de conocimiento, afecto, relación, poder y significado. Gracias a esa sensación de control que han construido sabrán que son sólidos, capaces y mucho más libres para enfrentarse a la vida con ilusión.