Programación y robótica en las aulas

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Es curioso como últimamente estamos asistiendo a una fiebre por la programación, la robótica y el pensamiento lógico. Parece que después de haber visto cómo la aplicación de diferentes metodologías podía mejorar la enseñanza y el pensamiento creativo de los estudiantes, ahora el foco se ha puesto en estas últimas cuestiones.

Y la verdad es que se trata de un campo muy interesante, pero antes de incluir un contenido nuevo, debemos ser capaces de analizar el tipo de metodología que vamos a utilizar. Sería una pena que, después de haber formado a muchos docentes y equipos directivos en nuevas estrategias pedagógicas, nos quedáramos únicamente con lo superficial de estos contenidos.

La programación, así como el trabajo con los kits de robótica, pueden ser una herramienta estupenda para preparar sesiones de aprendizaje cooperativo. Todos estos kits son muy motivadores para los estudiantes, pero exigen una planificación y una estructuración del trabajo para hacer funcionar estas propuestas adecuadamente. Si conseguimos hacerlo no sólo tendremos a una serie de estudiantes trabajando conjuntamente para conseguir un objetivo, sino que ellos mismos deberán asumir determinados roles en el transcurso de su trabajo con los otros. Así, mientras interactúan en la actividad, es bastante normal que ellos mismos puedan repartirse el trabajo. Uno podrá encargarse del diseño, otro de la programación, otro del montaje. Todas y cada una las secciones son fundamentales para el resultado final, por lo que los estudiantes deberán desarrollar estrategias de trabajo en equipo y fórmulas para la negociación y la resolución de conflictos.

Cada vez que se implanta una nueva área de conocimiento o se produce un cambio singular en educación, el reto más importante es dar con la fórmula metodológica adecuada. En el caso de la programación y de la robótica, la importancia de la práctica debe ser esencial, pero también el trabajo cooperativo y la responsabilidad compartida en el desarrollo de cada proyecto. Nuestros estudiantes están acostumbrados a trabajar de una forma excesivamente individual, pero la mayor parte de los retos, tanto laborales como sociales, que afrontarán en su edad adulta, necesitarán una respuesta colectiva. Por esa razón, áreas como programación, robótica o diseño de aplicaciones, que implican el trabajo conjunto de diversos grupos de alumnos, no sólo facilitan la adquisición de determinados conocimientos, sino que consiguen además otra serie de objetivos fundamentales para nuestros estudiantes.

Es curioso que cada vez que nos acercamos a los nuevos retos del futuro, determinadas prácticas educativas, así como determinadas estrategias metodológicas, se vuelven más relevantes. Los docentes hemos ido viendo cómo la técnica expositiva perdía terreno frente a la práctica, hemos visto también las posibilidades que tiene la comunicación transmedia para la educación, pero quizá, al abordar una asignatura con un componente tan claramente práctico, es cuando realmente observamos la importancia de la metodología didáctica y de la organización del trabajo en las aulas.Todas estas reflexiones que ha abierto la tecnología no están relacionadas exclusivamente con los nuevos conocimientos, sino con la quintaesencia de lo que representa un mundo interconectado.

Ya no nos sirven las estrategias de ayer para preparar a los alumnos de mañana, cada uno de ellos será la suma de una serie de habilidades, de recursos y de intereses. Y la habilidad más importante de todas será conectar su trabajo con el de los demás, sus habilidades con las de los otros y ser capaz de adaptarse de forma rápida a los cambios en los que estamos inmersos. Hay asignaturas que copian modelos totalmente actuales. La mayor parte de los países europeos están dándole una gran importancia a estas dos áreas. Ambas desarrollan además el pensamiento lógico, permitiéndole a los estudiantes mejorar su capacidad para establecer relaciones de causa-efecto, así como programar acciones complejas mediante la reunión de diferentes bloques de órdenes. En otras palabras: los estudiantes deben pensar de forma ordenada para programar, deben colaborar para desarrollar las diferentes secciones y tienen que mejorar su capacidad para trabajar en equipo en el aula.

Todas estas habilidades llevan parejas también una serie de cuestiones relacionadas con la convivencia. Es imposible que los estudiantes puedan llevar a cabo diversas iniciativas si no son capaces de mejorar y ampliar su ámbito de relaciones. En la educación del futuro no tendremos estudiantes separados en mesas escuchando una explicación, eso es evidente. Pero no podemos pasar de un modelo a otro sin prepararles. En muchas ocasiones hablamos de la necesidad de mejorar la formación del profesorado, de lograr que los docentes seamos capaces de adentrarnos en procesos de innovación realizando aportaciones personales; pero no podemos perder de vista que, al igual que el profesorado, nuestro alumnado también está acostumbrado a un método concreto de trabajo. Es importante prepararles para asignaturas como programación o robótica, pero primero debemos prepararles en otras cosas. Nuestros alumnos van a vivir algunos de los cambios más impresionantes que podamos soñar. Y si queremos que los afronten tenemos que prepares para ese sueño, con sus emociones, con sus habilidades, con su capacidad para afrontar ese futuro cada vez más cercano.